HelpClinic

Apoyo diario entre impulsos, citas y decisiones

Apoyo para las adicciones: alcohol, drogas, apuestas, videojuegos y más.

El alcohol, las drogas, las apuestas online, los videojuegos o el visionado compulsivo de pornografía pueden acabar desplazando el sueño, el dinero, el trabajo y las relaciones. HelpClinic ofrece herramientas breves y sesiones individuales que tú reservas con un profesional. La guía de IA sugiere el siguiente recurso, pero no es terapeuta ni un servicio de crisis y puede no reconocer una crisis.

Primeros auxilios para el impulso

24/7
Un ejercicio que rompe el bucle en 3 minutos
eso es lo que dura
3 min

Un paso concreto para hoy, antes o entre las citas que reservas.

Dificultades más comunes

  • Alcohol
  • Drogas
  • Apuestas
  • Videojuegos
  • Pornografía
No estás solo
Empieza a tu ritmo

Creado con psicólogos y la Universidad Médica de Łódź.

Lecturas breves para empezar

Cómo superar una ola de impulso sin ceder

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El impulso puede aparecer como una presión física, una imagen repetida o una frase que exige actuar ya. Quizá estés volviendo a casa, cobrando, pasando cerca de un lugar asociado al consumo o quedándote a solas con el móvil. También puede llegar después de una discusión, una jornada agotadora o un momento de vergüenza. Tu primera tarea no es resolver el resto del día. Pon un temporizador de tres minutos y di, en voz alta si puedes: «Es una ola de impulso, no una instrucción. Durante estos tres minutos no voy a tomar ninguna decisión».

Apoya ambos pies en el suelo o, si estás caminando, detente en un sitio desde el que puedas cambiar de dirección. Observa dónde notas el impulso: la garganta, el estómago, el pecho, las manos o cualquier otra zona. Descríbelo sin explicar por qué está ahí: «Siento presión», «noto calor», «mis manos quieren moverse». Añade su forma, temperatura y movimiento. Respira con calma, sin intentar obligar a la sensación a desaparecer. Si tu atención se va hacia lo que quieres consumir o hacer, vuelve a una descripción sencilla del cuerpo.

Cada treinta segundos, comprueba qué ha cambiado. La sensación puede moverse, crecer, bajar o quedarse igual. Todas esas respuestas sirven como observación. Puedes decir: «Ahora está más arriba», «sigue igual» o «ha cambiado de presión a inquietud». Imagina una ola que crece, rompe y baja a su ritmo, sin exigir que baje antes de que termine el temporizador. Cuando aparezca «tengo que hacerlo ahora», responde con la frase completa: «Estoy teniendo el pensamiento de que tengo que hacerlo. Puedo observar ese pensamiento sin obedecerlo durante estos tres minutos».

Cuando termine el temporizador, retrasa la decisión otros diez minutos y cambia de entorno inmediatamente. Aléjate del dinero, el dispositivo, el contacto, el establecimiento o cualquier acceso relacionado con la sustancia o la conducta. No te quedes delante intentando demostrar que puedes resistir. Ve a un lugar donde ese acceso no esté disponible, bebe agua y ocupa las manos con una acción sencilla. Si no puedes salir, cambia de habitación, deja fuera de alcance lo que estabas usando y colócate cerca de una puerta, una ventana o un espacio distinto. Di: «No estoy decidiendo para siempre. Estoy aplazando la decisión diez minutos».

Contacta con una persona elegida de antemano. No necesitas contar toda la historia para pedir presencia. Puedes llamar o enviar: «Tengo un impulso fuerte. Quédate conmigo diez minutos y háblame de cualquier cosa». Otra opción es: «Estoy intentando alejarme del acceso. ¿Puedes seguir al teléfono mientras cambio de lugar?». Si temes que te juzgue, concreta lo que necesitas: «No necesito consejos ahora. Solo necesito que estés conmigo mientras pasa este intervalo». Si no responde, envía el mismo mensaje al siguiente contacto disponible y continúa moviéndote hacia un entorno sin acceso.

Si vives solo, prepara el contacto para usarlo por llamada o mensaje y elige con antelación un lugar cercano donde no puedas llevar a cabo la conducta. Si no tienes familia cerca, la persona puede ser alguien de confianza que conozca esta petición concreta. Con turnos cambiantes, anota quién suele estar disponible según tu horario para no improvisar durante el impulso. Si no tienes dinero, utiliza acciones que no requieran comprar nada: cambiar de habitación, caminar hacia un lugar sin acceso, beber agua y enviar el mensaje acordado. Si existe una barrera de idioma, guarda una frase preparada para copiar: «Tengo un impulso fuerte y necesito que te quedes conmigo diez minutos. No necesito explicarlo todo ahora».

Puede que el primer intervalo no reduzca la urgencia. Eso no convierte el ejercicio en un fracaso. Repite los tres minutos de observación y vuelve a retrasar la decisión diez minutos, en vez de prometerte aguantar el día entero. Haz un cambio adicional de entorno y vuelve a contactar con alguien. Si ya te diriges hacia el acceso, detente en el punto en el que estés y manda: «El primer intento no ha funcionado. Sigo con un impulso fuerte y necesito que me ayudes a alejarme». Si has cedido, evita castigarte o esconder lo ocurrido. Anota qué pasó justo antes, qué intentaste y en qué momento dejaste de seguir el plan, para poder explicarlo con palabras concretas.

Pide ayuda médica cuando observes que los impulsos se repiten, que no consigues alejarte del acceso pese a repetir el plan o que están interfiriendo con el sueño, la comida, el trabajo, las citas o las relaciones. Puedes decir: «Estoy teniendo impulsos repetidos. He intentado retrasarlos y cambiar de entorno, pero sigo cediendo. Necesito que me indiquen qué hacer». Si ya has consumido y no sabes qué hacer, no intentes decidir por tu cuenta si estás fuera de peligro: pide ayuda médica. Si existe riesgo de sobredosis, abstinencia grave u otro peligro inmediato, busca ayuda médica o de emergencias urgentemente.

Cuando el juego, las apuestas o el móvil ocupan demasiado

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Son casi las doce y habías pensado acostarte, pero sigues enlazando apuestas online, otra partida o una aplicación tras otra. Quizá empezaste para distraerte y ahora estás calculando dinero, ocultando cuánto tiempo llevas o posponiendo una conversación. También puede ocurrir al cobrar, al terminar un turno o cuando llega una notificación. No necesitas decidir qué etiqueta encaja. Mira el hecho inmediato: querías parar y has continuado, o esa conducta está desplazando algo que sí querías hacer.

Cuando estés más tranquilo, reconstruye la secuencia sin convertirla en un examen. Escribe qué ocurrió antes, qué dispositivo o lugar abriste, cuánto tiempo o dinero pensabas dedicar y qué pasó en realidad. Añade lo que quedó desplazado: dormir, comer, trabajar, acudir a una cita, hablar con alguien o atender un gasto previsto. Una frase útil sería: «Al terminar de trabajar abrí la aplicación para mirar un momento, seguí aunque quería parar y cancelé el plan que tenía». Esto describe un patrón observable sin definirte por él.

Haz más difícil el acceso antes del tramo del día en que suele empezar. Cierra la sesión, elimina accesos directos y notificaciones, retira los métodos de pago guardados y deja el dispositivo en otro lugar. Para el juego y las apuestas, separa primero el dinero destinado a vivienda, comida y otros gastos previstos, y evita llevar la decisión hasta el momento del impulso. Para videojuegos, móvil y redes sociales, decide de antemano qué actividad ocupará ese intervalo y dónde estará el dispositivo. El objetivo es introducir pasos que te den tiempo para elegir.

Cuando aparezca la urgencia, no negocies con ella delante de la pantalla. Levántate, cambia de habitación o sal a un lugar donde no puedas realizar la conducta y pon en palabras lo que sucede: «Tengo el impulso de abrirlo, pero durante estos minutos no voy a decidir». Nota qué ocurre en el cuerpo y alarga la espiración sin exigirte que las ganas desaparezcan. Después empieza una acción ya elegida, como ducharte, preparar comida, caminar o llamar a alguien. Al terminar, vuelve a decidir desde ese lugar distinto, no desde la aplicación abierta.

Pide ayuda con una tarea concreta. Puedes enviar: «Esta noche estoy perdiendo el control con las apuestas y necesito que te quedes al teléfono mientras cierro la aplicación y reviso mis gastos». Para videojuegos o redes sociales, prueba: «Llevo más tiempo del que quería y estoy dejando de dormir. ¿Puedes hablar conmigo mientras dejo el móvil fuera de la habitación?». Si hablar de dinero o tiempo te da vergüenza, empieza por el hecho que sí puedes contar: «Estoy ocultando una conducta que me está afectando y necesito ayuda para pedir cita».

Puede que vuelvas a abrir la aplicación, busques otra vía de acceso o ignores el primer mensaje. Detente en el punto en el que estés y registra qué barrera falló. Quizá la contraseña seguía disponible, el dispositivo alternativo estaba cerca o la actividad prevista exigía demasiada energía. Cambia una sola pieza y vuelve a contactar: «El primer plan no ha funcionado. He encontrado otra forma de acceder y necesito que me acompañes mientras la cierro». Si has gastado dinero, anota la cantidad real y los pagos próximos sin intentar recuperarlo mediante más apuestas.

Adapta el plan a tus circunstancias. Si vives solo o no tienes familia cerca, acuerda una llamada con una amistad o una persona de confianza y elige un lugar fuera de casa donde esa conducta no sea posible. Con turnos cambiantes, vincula el plan al final del turno en vez de a una hora fija. Si no tienes dinero, usa medidas sin coste y pide orientación en los servicios públicos. Ante una barrera de idioma, lleva escrito: «Estoy perdiendo el control del tiempo o el dinero con esta conducta y necesito explicar lo que ocurre». Puedes pedir a alguien de confianza que te ayude a preparar la conversación.

Involucra a un profesional si observas que continúas pese a pérdidas de dinero, sueño, trabajo o contacto con otras personas; si ocultas repetidamente lo ocurrido; o si varios intentos de poner límites terminan igual. En España puedes empezar en el centro de salud: el médico de familia puede valorar lo que ocurre y derivarte a los servicios adecuados. También puedes informarte sobre los centros de atención a las adicciones, públicos o financiados públicamente; esta atención tiene cobertura universal y gratuita. HelpClinic puede ayudarte a nombrar lo que sientes, mantener un plan y preparar lo que quieres decir en la cita.

Cuando el visionado de pornografía se vuelve compulsivo

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Apagas la luz, coges el móvil y vuelves a ver pornografía aunque habías decidido dormir. Tal vez cierras una página y abres otra, pierdes la noción del tiempo o borras el historial antes de que alguien pueda verlo. A la mañana siguiente llegas cansado, retrasas una tarea o evitas hablar de lo ocurrido. Empieza por describir esa escena tal como pasó. No necesitas decidir ahora qué significa sobre ti ni usar la vergüenza como explicación.

El uso compulsivo de pornografía puede observarse en hechos como perder repetidamente el control del tiempo, intentar reducir el visionado sin conseguirlo o continuar pese a consecuencias en el sueño, el trabajo o una relación. No se presenta aquí como un diagnóstico de adicción. Sentirte culpable por motivos morales tampoco demuestra por sí solo que exista un trastorno. La pregunta práctica es qué querías hacer, qué acabaste haciendo y qué efecto tuvo en tu vida.

Cambia esta noche el momento anterior al visionado. Cierra las sesiones abiertas, quita los accesos directos y deja el dispositivo fuera del dormitorio o lejos del lugar habitual. Decide antes qué harás durante ese intervalo: ducharte, preparar el día siguiente, leer, escuchar algo o llamar a alguien. Si necesitas el móvil por trabajo o para estar localizable, conserva esas funciones y dificulta solo la secuencia que suele llevarte a abrir contenido. Escribe el plan en papel para no depender de la misma pantalla.

Si aparece el impulso, aplaza la decisión y cambia de postura y de lugar. Di: «Estoy notando ganas de abrirlo y no tengo que responder ahora». Observa durante unos minutos la inquietud, las imágenes o la tensión corporal sin discutir con ellas. Después ocupa las manos y la atención con la acción que dejaste preparada. Si sigues negociando contigo, envía un mensaje antes de volver al dispositivo: «Estoy entrando en el bucle de siempre. ¿Puedes hablar conmigo mientras termino el plan de esta noche?».

La ocultación puede afectar a una relación incluso cuando todavía no sabes cuánto quieres contar. Empieza con hechos y una petición, sin promesas absolutas: «Estoy perdiendo el control del tiempo que paso viendo pornografía y lo he ocultado por vergüenza. Quiero hablar de cómo nos está afectando y pedir ayuda profesional». Si la otra persona pregunta por detalles que no puedes abordar en ese momento, puedes responder: «Quiero ser honesto, pero necesito ordenar primero lo ocurrido. Hoy puedo hablar del tiempo, de las consecuencias y del siguiente paso».

Si vuelves a acceder después del primer intento, evita convertirlo en una prueba de que nada puede cambiar. Anota dónde se rompió el plan: quizá llevaste el móvil a la cama, estabas agotado, te quedaste solo después de una discusión o apareció otra vía de acceso. Modifica un elemento para la próxima noche y comunícalo: «Ayer el plan falló cuando me quedé con el dispositivo. Hoy voy a dejarlo fuera y necesito que me escribas antes de acostarme». Si la secuencia se repite, lleva esas observaciones a un profesional.

Si vives solo o no tienes familia cerca, puedes acordar un mensaje con una amistad y preparar una actividad fuera del lugar habitual, sin tener que revelar detalles íntimos de inmediato. Si trabajas por turnos, considera como noche el periodo posterior al trabajo y prepara el cambio antes de empezar el turno. Si no tienes dinero, comienza en el centro de salud y explica que no puedes pagar atención privada. Ante una barrera de idioma, lleva una frase escrita o pide a una persona de confianza que te ayude a ordenar lo que quieres contar.

Habla con un profesional cuando la pérdida de control se repita, los intentos de reducir el visionado no funcionen, ocultes sistemáticamente lo ocurrido o notes consecuencias observables en el sueño, el trabajo, el dinero o las relaciones. Puedes pedir cita con tu médico de familia en el centro de salud y decir: «Estoy viendo pornografía de forma compulsiva, pierdo más tiempo del que quiero y mis intentos de reducirlo no están funcionando. Necesito orientación profesional». HelpClinic puede ayudarte a nombrar emociones, mantener el plan diario y preparar esa conversación, pero no diagnostica ni sustituye la atención profesional.

Una recaída no es un fracaso: qué hacer a la mañana siguiente

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Al despertar, empieza por comprobar qué necesitas para estar a salvo durante las próximas horas. Detén el consumo o la conducta arriesgada, no conduzcas y no mezcles sustancias. Aparta lo que tengas a mano y aléjate del lugar donde podrías continuar. Comprueba si hay síntomas preocupantes. Si no sabes valorarlos, pregunta a quien lleva tu tratamiento. Ante riesgo de sobredosis, abstinencia grave o peligro inmediato, llama a emergencias. La culpa puede esperar. Primero resuelve dónde estás, con quién puedes contactar y cómo evitarás tomar una decisión arriesgada mientras te encuentras afectado.

Haz un contacto concreto cuanto antes. No necesitas preparar una explicación completa ni prometer que no volverá a pasar. Puedes enviar: «He tenido una recaída y necesito ayuda para pasar hoy con seguridad. ¿Puedes llamarme o estar pendiente de mí esta mañana?». A quien lleva tu tratamiento puedes decirle: «Ayer volví a consumir o repetí la conducta. He detenido lo que estaba haciendo y necesito revisar el plan contigo». Si prefieres acudir a un servicio local de adicciones, lleva escrito qué ocurrió, cuándo terminó y qué síntomas notas, sin intentar interpretarlos por tu cuenta.

Después reduce las decisiones que tendrás que tomar. Elimina el acceso que puedas eliminar hoy, sal del lugar que facilita la conducta y decide dónde pasarás las próximas horas. Deja preparado algo para comer, agua, un lugar donde descansar y una actividad tranquila. No intentes compensar lo ocurrido con ejercicio excesivo, trabajo sin pausa, aislamiento o grandes promesas. El objetivo de esta mañana es más pequeño: atravesar el siguiente tramo del día sin añadir otra situación arriesgada.

Cuando estés a salvo, reconstruye la secuencia en cuatro partes: qué pasó antes, qué pensamiento o emoción apareció, dónde estabas y qué facilitó el acceso. Escribe hechos breves. Por ejemplo: «Discutí con alguien, pensé que no podía soportarlo, me quedé solo y tenía dinero disponible». Evita frases como «soy un desastre» o «lo he arruinado todo», porque no muestran qué se puede cambiar. Añade el momento en que todavía habría sido posible pedir ayuda. Esa parte puede convertirse en una instrucción concreta: «Si vuelvo a quedarme solo después de una discusión, enviaré un mensaje antes de acercarme al lugar donde tengo acceso».

Elige un solo cambio para hoy. Puede ser eliminar el acceso, pedir compañía durante una hora difícil, volver a una reunión o concertar apoyo profesional. Escríbelo con una hora y una acción visibles: «A las seis llamaré antes de volver a casa» o «Al terminar de comer, pediré cita». Si necesitas involucrar a otra persona, sé directo: «Esta tarde suele ser difícil para mí. ¿Puedes llamarme a las siete y quedarte al teléfono unos minutos?». Si esa persona no puede, pregúntale si puede responder a un mensaje o ayudarte a contactar con alguien más.

Adapta el plan a tu situación real. Si vives solo o no tienes familia cerca, no esperes a encontrar a la persona perfecta. Piensa en alguien de confianza que pueda contestar, acompañarte por teléfono o saber dónde estás. Si trabajas por turnos, cambia «esta tarde» por la hora anterior o posterior al turno y prepara el mensaje antes de entrar. Si no tienes dinero, dilo claramente a quien lleva tu tratamiento o al servicio local de adicciones: «Ahora mismo no puedo pagar apoyo. ¿Qué opción puedo utilizar en mi situación?». Si existe una barrera de idioma, escribe primero frases sencillas sobre lo ocurrido y pregunta cómo puedes comunicarte mejor. También puedes pedir a alguien de confianza que te ayude a explicar la situación.

Si el primer intento no funciona, pasa al siguiente contacto sin interpretar el silencio como rechazo. Puedes escribir: «No he conseguido hablar con la primera persona. Sigo necesitando apoyo para organizar hoy. ¿Puedes llamarme cuando veas esto?». Si nadie cercano responde, contacta con quien lleva tu tratamiento, con un servicio local de adicciones o vuelve a una reunión. Si retomas el consumo o la conducta, regresa al primer paso: detén lo que está ocurriendo, no conduzcas, no mezcles sustancias y busca contacto. Ante riesgo de sobredosis, abstinencia grave o peligro inmediato, llama a emergencias.

Involucra a quien lleva tu tratamiento cuando no consigues detener el consumo o la conducta, cuando vuelves a empezar después de haber intentado parar, cuando ocultas lo ocurrido para evitar el contacto o cuando el plan habitual deja de ayudarte en las horas difíciles. Hazlo también si aparecen síntomas preocupantes, si faltas repetidamente a tus apoyos o si no puedes organizar necesidades básicas como la próxima comida y el descanso. No hace falta esperar a tener una explicación perfecta. Envía: «Mi plan no está funcionando como antes. Esto es lo que ocurrió y estas son las horas en las que tengo más acceso. Necesito revisarlo contigo». Mientras esperas respuesta, mantén el cambio concreto elegido para hoy y deja preparado el siguiente contacto.

Vergüenza y adicción: por qué ocultarlo lo hace más difícil

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La vergüenza suele aparecer antes, durante y después de un momento difícil. Puede decirte que escondas un impulso, borres mensajes, ocultes gastos, inventes una explicación o calles una recaída. Quizá por fuera parezca que todo sigue igual, mientras por dentro estás pendiente de que nadie pregunte demasiado. Ese secreto reduce las oportunidades de pedir ayuda a tiempo. Para empezar, no necesitas contárselo a todo el mundo. Solo necesitas identificar a una persona con la que puedas hablar sin exponerte a burlas, amenazas ni a que utilice la información en tu contra.

Haz un mapa de seguridad antes de iniciar la conversación. Anota contactos profesionales y personales que sepan escuchar sin burlas, amenazas ni usar la información en tu contra. Junto a cada nombre, escribe qué podrías pedirle: escuchar durante unos minutos, llamarte a una hora concreta, acompañarte mientras contactas con un profesional o ayudarte a ordenar lo que quieres explicar. Descarta de momento a quien suela gritar, presionar, pedir detalles que no deseas dar o contar asuntos privados sin permiso. Si solo aparece un nombre, es suficiente para comenzar.

Elige una persona y prepara tres frases: el hecho, el efecto y la petición. Puedes decir: «Ayer volví a consumir. La vergüenza hace que quiera ocultarlo. Necesito que hables conmigo esta tarde y me ayudes a contactar con un profesional». Si todavía no puedes hablar de una recaída, prueba con algo más limitado: «Estoy teniendo impulsos que me cuesta manejar. Me da vergüenza decirlo y estoy empezando a aislarme. ¿Puedes llamarme cuando termines de trabajar?». La petición debe ser concreta, para que la otra persona sepa qué puede hacer ahora.

Decide también cómo vas a contarlo. Puede ser cara a cara, por teléfono o mediante un mensaje que abra la conversación. Un texto preparado puede decir: «Necesito contarte algo relacionado con mi consumo. No quiero consejos inmediatos ni preguntas sobre todos los detalles. Primero necesito que me escuches y luego quiero decidir contigo a quién contactar». Si te bloqueas, lee tus tres frases tal como las escribiste. Puedes poner un límite con claridad: «Hasta aquí puedo contar hoy» o «Esa pregunta no quiero responderla ahora». No tienes que contarlo todo para que la petición sea válida.

Después de contarlo, acordad un siguiente contacto y anótalo en el calendario. Evita terminar con un «ya hablaremos», porque deja sin concretar quién hará qué. Puedes preguntar: «¿Me llamas mañana después de comer?» o «¿Puedes quedarte conmigo mientras envío este mensaje al profesional?». Repite el acuerdo en voz alta o por escrito: «Entonces hablamos mañana a esta hora y hoy preparo lo que quiero consultar». Si vuelves a sentir el impulso de ocultarlo, usa una frase breve: «Me está entrando vergüenza y quiero cancelar la conversación, pero necesito mantener el contacto que acordamos».

La primera persona puede reaccionar con críticas, incredulidad o demasiadas preguntas. Si ocurre, corta la conversación sin discutir cada detalle: «Ahora mismo esta reacción me hace más difícil pedir ayuda. Voy a terminar la conversación y hablar con otra persona». Después, busca otra persona, grupo o servicio profesional; su reacción no demuestra que pedir ayuda fuera un error. Si alguien promete ayudarte pero no responde, no esperes indefinidamente. Envía un mensaje claro, como «Necesito saber si puedes hablar hoy. Si no puedes, contactaré con otra persona», y continúa con el siguiente nombre de tu mapa.

Si vives solo o no tienes familia cerca, tu contacto puede ser alguien de confianza que no comparta casa contigo. Puedes escribir: «Vivo solo y esta noche necesito mantener contacto con alguien. ¿Podemos hablar a una hora concreta?». Si trabajas a turnos, pide una franja que encaje de verdad: «Salgo tarde y no puedo hablar por la tarde. ¿Puedes responderme cuando termine mi turno?». Si no puedes pagar ayuda, dilo al contactar con un profesional y pregunta qué opciones puedes valorar. Si existe una barrera de idioma, prepara por escrito frases sencillas y pregunta si puedes comunicarte en tu idioma o con apoyo de traducción.

Es momento de involucrar a un profesional cuando observas que ocultas repetidamente lo ocurrido, los impulsos ocupan buena parte de tu atención, vuelves a consumir o a repetir la conducta, escondes gastos o cancelas contactos para evitar hablar. También cuando la ayuda personal no basta para mantener los acuerdos que intentas seguir. Puedes enviar: «Estoy ocultando lo que ocurre y mis intentos de manejarlo con apoyo personal no están funcionando. Necesito hablar con un profesional y explicar lo que ha pasado». Anota antes los hechos que recuerdes y las preguntas que quieras hacer. Si temes violencia, sobredosis, abstinencia grave o hacerte daño, contacta urgentemente con ayuda profesional o de emergencias.

Un plan nocturno para las horas difíciles

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Prepara el plan antes de la tarde, cuando decidir resulta más fácil. Anota a qué hora suele empezar el tramo más difícil y qué suele ocurrir justo antes: terminar de trabajar, quedarte a solas, recibir dinero, pasar por cierto lugar, abrir una aplicación o discutir con alguien. No necesitas explicar por qué sucede. Basta con reconocer la secuencia. Divide esas horas en tres tramos breves y asigna una actividad concreta a cada uno: una comida, una ducha, un paseo por un lugar seguro, una película con alguien o una reunión de grupo. Escribe también dónde estarás y con quién contactarás.

Haz que el entorno acompañe al plan. Retira lo que facilite el consumo y evita el lugar, trayecto o aplicación que suele iniciar el bucle. Si no puedes retirarlo por tu cuenta, pide a alguien que lo guarde o que permanezca contigo mientras sales de allí. Deja preparados agua, comida, ropa, los números que vas a usar y una opción de transporte seguro. Puedes escribir: «Esta tarde me cuesta confiar en mis decisiones. ¿Puedes guardar esto y devolvérmelo mañana?» También puedes avisar: «Hoy no voy a pasar por allí. Voy directamente a casa y te escribo al llegar».

Añade dos reglas «si... entonces» que describan acciones sencillas. «Si el impulso llega al punto en que empiezo a negociar, voy a un lugar iluminado y llamo a Ana». «Si nadie responde, contacto con mi grupo o una línea de apoyo». Evita reglas vagas como «intentaré controlarme». La regla tiene que decir qué harás con el cuerpo, el teléfono o el lugar en el que estás. Guarda el plan donde puedas verlo sin buscarlo: en una nota abierta, junto a las llaves o en un mensaje enviado a ti mismo. Así no dependerá de la memoria cuando la tensión sea máxima.

Cuando llegue el impulso, no discutas con él ni decidas qué significa para el resto de tu vida. Retrasa cualquier decisión diez minutos. Durante ese tiempo, completa seis espiraciones largas, bebe agua y empieza la primera actividad escrita, aunque no tengas ganas. Después de cada tramo, marca solo «hecho» y continúa. Si necesitas compañía, envía un mensaje directo: «Estoy pasando una hora difícil. No necesito consejos, necesito que te quedes conmigo al teléfono diez minutos mientras sigo mi plan». Otra opción es: «El impulso está subiendo. ¿Puedes hablarme de cualquier cosa hasta que empiece la siguiente actividad?»

Si la primera persona no responde, no conviertas el silencio en una conclusión sobre ti. Pasa inmediatamente al siguiente contacto del plan, al grupo o a la línea de apoyo. Si la primera actividad no reduce la tensión, cambia de lugar antes de elegir otra: sal de la habitación, entra en un espacio iluminado o acércate a una persona segura. Después comienza la siguiente actividad ya escrita. Puedes decir: «Mi primer plan no ha funcionado y necesito ayuda para pasar este tramo sin acercarme al lugar ni abrir la aplicación». Si ya has vuelto al bucle, detén la secuencia en el punto en que estás y usa el mismo mensaje. No esperes a sentir que puedes explicarlo perfectamente.

Adapta el plan a tus circunstancias reales. Si vives solo o no tienes familia cerca, elige con antelación un lugar seguro e iluminado y acuerda una llamada con alguien, aunque esté lejos. Si trabajas por turnos, considera como “noche” las horas posteriores al trabajo y prepara comida, transporte y contactos antes de empezar el turno. Si no tienes dinero, escoge actividades sin coste y evita que el plan dependa de comprar algo o desplazarte lejos. Si existe una barrera de idioma, guarda un mensaje breve que puedas copiar: «Estoy teniendo un impulso fuerte. Necesito compañía y ayuda para contactar con mi grupo o con un profesional».

Al terminar las horas difíciles, registra solo lo que pueda ayudarte la próxima vez: cuándo empezó el impulso, qué lo precedió, qué contacto respondió y qué paso pudiste completar. No uses esa nota para castigarte. Si el plan falló, modifica una parte concreta antes de la tarde siguiente. Tal vez el primer contacto no estaba disponible, el trayecto pasaba demasiado cerca del lugar habitual o la actividad exigía demasiadas decisiones. Informa al profesional que te atiende con una frase clara: «Los impulsos aparecen a esta hora, empiezo a negociar conmigo y el plan deja de funcionar en este punto. Necesito preparar otra respuesta contigo».

Pide ayuda profesional si observas que los impulsos aparecen con más frecuencia, duran más de lo que puedes manejar con el plan, te hacen abandonar repetidamente comida, sueño, trabajo o citas, o te llevan a ocultar lo ocurrido. Hazlo también si varias noches seguidas no consigues completar el primer tramo, si dejas de contactar con las personas acordadas o si necesitas cambiar continuamente de lugar para no volver al consumo. Lleva la nota anterior y pregunta al profesional que te atiende qué debes hacer en esas situaciones. Si existe riesgo de sobredosis, abstinencia grave, violencia u otro peligro inmediato, contacta enseguida con ayuda profesional o de emergencias.

Qué cuidar después de 2 meses sin consumir drogas

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Llevar 2 meses sin consumir drogas es un avance, pero no significa que tengas que poder con todo sin apoyo ni que el riesgo haya desaparecido. Es posible que algunos días notes más calma y que otros se desordenen por una discusión, un encuentro inesperado, una noche sin dormir, el aburrimiento o la vergüenza por algo ocurrido durante el consumo. La recuperación física y emocional es distinta para cada persona. En vez de valorar estos meses como un bloque, revisa qué está pasando hoy.

Coge una hoja y divídela en tres partes. En la primera, apunta lo que se ha vuelto más llevadero. En la segunda, escribe las situaciones que todavía despiertan ganas de consumir o te hacen perder estabilidad. En la tercera, anota quién sabe de verdad cómo estás. Sé concreto: lugar, momento, persona y lo que ocurrió justo antes. Por ejemplo: «Después del turno me quedo solo y pienso en consumir» o «Cuando llevo dinero encima me cuesta cambiar de idea». Conserva la hoja donde puedas consultarla con facilidad.

Después convierte cada situación repetida en una decisión tomada de antemano. Si una persona, un lugar o disponer de dinero facilita el consumo, prepara una salida sencilla: marcharte, cambiar el recorrido, no quedarte a solas en ese momento o avisar a alguien antes de entrar. Puedes enviar: «Hoy estoy teniendo muchas ganas de consumir. No necesito que lo soluciones, pero sí que te quedes conmigo por teléfono mientras salgo de aquí». Otra opción es: «Voy a pasar por una situación que me cuesta. ¿Puedo escribirte al llegar y al salir?».

Protege también los horarios de sueño, comida y citas que te dan estabilidad. No hace falta organizar un día perfecto. Elige primero los momentos en los que sueles estar más expuesto y decide qué harás justo antes, durante y después. Puedes dejar por escrito: «Al terminar, iré directamente a casa y llamaré a esta persona» o «Si aparece una propuesta de consumo, responderé que no voy y me marcharé». Preparar la frase evita tener que inventarla cuando ya estás cansado o bajo presión.

Si las ganas aparecen, sigue un orden corto. Primero, reconoce lo que está ocurriendo con una frase directa: «Tengo ganas de consumir y necesito salir de esta situación». Después aléjate del lugar, de la persona o del dinero que facilite el consumo. A continuación, avisa a quien figure en tu hoja y dile qué necesitas en ese momento: compañía, una llamada o ayuda para llegar a un sitio distinto. Si nadie responde, prueba con la siguiente persona o contacta con el recurso de adicciones de tu zona. No ocultes lo que está pasando mientras esperas sentirte más fuerte.

Si vives solo o no tienes familia cerca, tu lista puede incluir amistades, alguien con quien tengas contacto habitual o un recurso de adicciones. Pide acuerdos concretos en vez de apoyo indefinido: «¿Puedes llamarme al terminar mi turno?» o «Si te escribo que estoy en riesgo de consumir, ¿puedes hablar conmigo mientras cambio de lugar?». Si trabajas por turnos, prepara planes distintos según la hora y revisa qué contactos suelen estar disponibles. Si no tienes dinero, pregunta directamente qué opciones puedes usar sin coste antes de descartar la ayuda. Si existe una barrera de idioma, lleva escrita esta frase: «Necesito apoyo por consumo de drogas. Me cuesta explicarme en español. ¿Cómo pueden atenderme?».

Puede que el primer plan no funcione. Quizá la persona elegida no conteste, el recorrido alternativo te lleve cerca de otro lugar asociado al consumo o acabes con dinero disponible pese a haber intentado evitarlo. No uses ese fallo para concluir que nada sirve. Anota qué parte falló y cambia una sola decisión para la próxima vez: otro contacto, otro lugar de espera o una llamada más temprana. Puedes decir: «Ayer intenté manejarlo solo y no me funcionó. Hoy necesito que revisemos un plan más concreto». Lleva esa información a tu médico de familia o al recurso de adicciones.

Si las ganas ocupan gran parte del día, estás perdiendo el control o temes volver a consumir, contacta con el recurso de adicciones de tu zona, que según la comunidad puede llamarse CAD, CAS o UCA; también puedes consultar a Proyecto Hombre. Hazlo también si dejas de acudir a tus citas, ocultas repetidamente cómo estás o tus planes dejan de ayudarte. Tu médico de familia puede valorar cómo estás y gestionar una derivación. Puedes decir: «Llevo 2 meses sin consumir, pero las ganas están ocupando gran parte del día y temo volver a hacerlo. Necesito que valores cómo estoy». Tras un tiempo sin consumir, volver a la cantidad anterior puede aumentar el riesgo de sobredosis. Ante consumo con pérdida de conciencia u otro peligro inmediato, usa los recursos de emergencias del bloque de contacto.

Qué esperar cuando estás dejando el alcohol

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Dejar el alcohol puede empezar con una decisión clara y complicarse cuando llega la hora a la que sueles beber. Quizá por la mañana estés convencido y, al final del día, aparezcan las ganas, la vergüenza o el impulso de ocultar lo ocurrido. No existe una única forma segura que sirva para todo el mundo. Si ha habido consumo frecuente o notas síntomas al parar, necesitas una valoración médica antes de hacer cambios bruscos. No decidas el siguiente paso basándote únicamente en cómo te encuentras en un momento concreto.

Antes de la consulta, registra durante el día qué bebes, a qué hora y qué ocurre cuando pasa tiempo sin beber. Anota también temblores, sudoración, agitación, náuseas o problemas para dormir. Escribe lo que observas sin intentar explicarlo ni quitarle importancia. Puedes usar una nota con cuatro apartados: hora, cantidad, situación y cómo me encontraba. Al pedir cita, di: "Estoy dejando el alcohol, he bebido con frecuencia y quiero que mi médico de familia valore cómo hacerlo con seguridad". Lleva el registro y pregunta al médico cualquier duda sobre los síntomas o sobre los cambios que debes hacer.

Mientras aclaras la parte médica, organiza el día para depender menos de decisiones improvisadas. Primero, identifica el momento en que sueles empezar a beber. Después, cancela o cambia los planes centrados en beber y acuerda una alternativa concreta para esa franja. Por último, informa a una persona de confianza. Puedes enviarle: "Estoy intentando cambiar mi consumo de alcohol. A esta hora suele costarme más. ¿Puedo escribirte cuando empiecen las ganas y contar contigo para seguir el plan que he acordado?" Registra cómo estás al despertar y al final del día, aunque ambas respuestas sean muy distintas.

Cuando aparezcan las ganas, céntrate en el siguiente paso acordado, no en resolver toda la semana de una vez. Sal de la situación que te empuja a beber, abre tu registro y escribe qué acaba de pasar, qué sientes y qué necesitas en ese momento. Luego contacta con la persona elegida: "Ahora mismo tengo muchas ganas de beber. No necesito que lo soluciones, necesito que te quedes conmigo mientras reviso mi plan". Si no responde, prueba con otra persona disponible o cambia de lugar. Si los síntomas influyen en lo que puedes hacer, pregunta al médico de familia.

Si el primer intento se desordena, registra lo sucedido antes de convertirlo en una acusación contra ti. Anota cuándo cambió el plan, qué había ocurrido justo antes y qué parte resultó difícil de cumplir. Después avisa a la persona que conoce tu plan: "Hoy no he podido seguir lo acordado. Quiero revisar lo que pasó y decidir el próximo paso sin ocultarlo". No compenses tomando decisiones bruscas por vergüenza. Retoma el contacto con el médico de familia si necesitas revisar la parte médica y prepara una alternativa más concreta para la próxima situación parecida.

Si vives solo o no tienes familia cerca, el contacto puede ser un amigo, un vecino o un compañero de confianza. Acuerda de antemano una hora y una forma de responder, por ejemplo: "A las diez te enviaré un mensaje para decirte cómo estoy. Si no lo hago, ¿puedes escribirme?" Si trabajas por turnos, no construyas el plan alrededor de una mañana o una noche fijas. Sitúa el registro, el contacto y la alternativa alrededor del momento en que terminas de trabajar o sueles beber. Adapta cada paso a tu horario real.

Si no tienes dinero, explícalo al pedir ayuda y pregunta qué opciones pueden indicarte desde tu centro de salud. No abandones la consulta por no poder asumir una opción concreta. Puedes decir: "Necesito ayuda con el alcohol y ahora mismo no puedo pagar atención privada. ¿Qué recurso pueden indicarme?" Si existe una barrera de idioma, comunícala al pedir la cita y pregunta cómo facilitar la conversación. Prepara por escrito las horas, las cantidades y los síntomas, y lleva a alguien de confianza si eso te ayuda a explicar lo ocurrido.

Pide cita en tu centro de salud con tu médico de familia si ha habido consumo frecuente, si aparecen síntomas al parar o si los intentos se interrumpen repetidamente porque no puedes seguir el plan acordado. El médico puede valorar los síntomas y derivarte a la Unidad de Salud Mental o al recurso de adicciones correspondiente. HelpClinic puede darte apoyo emocional diario para nombrar lo que sientes, atravesar una tarde difícil y preparar o procesar una conversación con un especialista. Incluye herramientas de autoayuda, rutinas guiadas por IA y acceso a un especialista, pero no es terapia ni tratamiento. Su guía de IA tampoco es terapeuta ni servicio de crisis. Si aparecen convulsiones, alucinaciones, confusión intensa o pérdida de conciencia, acude a urgencias mediante los recursos del bloque de contacto.

Cuando el consumo o una conducta ocupan demasiado

Si quieres dejar las drogas o recuperar el control sobre el alcohol, la nicotina, el juego y las apuestas, los videojuegos, el móvil y las redes sociales o el uso compulsivo de pornografía, observa qué ocurre antes del impulso y qué facilita el acceso. Hablar de impulsos y recaídas también forma parte del apoyo.

HelpClinic acompaña antes y entre citas con ejercicios breves, una guía de IA que propone el siguiente recurso y sesiones individuales que tú reservas. No sustituye la terapia, el tratamiento ni la atención de tu médico de familia. Para pedir ayuda, acude al centro de salud o a centros de atención a las adicciones.

Alcohol
400 millonesde personas en el mundo vive con un trastorno por consumo de alcohol: el 7% de quienes tienen 15 años o más
Entre citas
Rutina diariaLa guía de IA propone ejercicios breves para los próximos días. No es terapeuta ni un servicio de crisis.
Tratamiento
1 de cada 12personas con trastornos por consumo de drogas recibió tratamiento en 2024 (World Drug Report 2026)

«No necesitaba otra app para contar días. Necesitaba algo que me ayudara a pasar esta noche.»

De la primera señal a un cambio duradero

Empieza con una breve charla

Cuéntanos qué te golpea hoy: impulsos, vergüenza, una noche en soledad. De forma privada y a tu ritmo.

Herramientas para el momento difícil

Ejercicios de respiración, propuestas de escritura y técnicas de TCC y ACT basadas en la evidencia, disponibles cuando las necesites.

Rutinas diarias, paso a paso

El apoyo guiado por IA elige la siguiente herramienta y ordena tu rutina diaria. Cuando lo necesitas, puedes hablar con un profesional.

Habla con un terapeuta cuando quieras

Cuando la autoayuda no es suficiente, puedes reservar una sesión individual con un profesional verificado.

Preguntas frecuentes

¿HelpClinic sustituye la terapia o la desintoxicación?

No. HelpClinic ofrece apoyo diario entre sesiones y antes de ellas. Te da herramientas para el ahora, y puedes reservar una sesión con un profesional verificado cuando lo necesites. No sustituye un tratamiento en una situación de riesgo vital.

¿Qué es la “guía de IA”: es un terapeuta?

El apoyo guiado por IA elige la siguiente herramienta y ordena tu rutina diaria. No es un terapeuta ni un servicio de crisis y quizá no detecte una crisis. Ante un peligro inmediato, usa los números de abajo.

¿Es anónimo?

No lo es. Te registras tú con unos datos básicos y, para reservar con un profesional, hacen falta algunos más. Todo va cifrado y solo llega a un profesional si tú das tu consentimiento. Consulta los detalles en la política de privacidad.

¿Cuánto cuesta?

Empiezas gratis, sin tarjeta. Tu evaluación, las herramientas diarias y el apoyo para los momentos difíciles siguen siendo gratuitos para siempre. Una suscripción opcional desbloquea la biblioteca completa y las rutinas, y el apoyo humano: grupos y sesiones 1:1 que puedes reservar. Sin cargos ocultos.

¿Y si tengo una recaída?

Una recaída ocurre y no borra lo que ya has conseguido. HelpClinic te ayuda a volver a la mañana siguiente, sin juicios, con un paso siguiente claro.

¿Cuál es la mejor manera de dejar el alcohol?

La mejor manera es hacerlo con un plan acordado con un profesional sanitario, sobre todo si bebes a diario o has tenido abstinencia. Puedes empezar en tu centro de salud: el médico de cabecera valora tu situación y, si hace falta, te deriva a la Unidad de Salud Mental o a un servicio de adicciones.

¿Qué puedo hacer si pierdo el control con las apuestas, los videojuegos o el móvil?

Pon distancia entre el impulso y el acceso: sal de la aplicación, retira los métodos de pago guardados o deja el dispositivo fuera de alcance unos minutos. Después, anota qué ocurrió justo antes y pide a alguien una ayuda concreta, como acompañarte por teléfono mientras pasa el impulso. Si el juego o las apuestas, los videojuegos, el móvil o las redes sociales desplazan repetidamente el sueño, el trabajo, el dinero o tus relaciones, pide cita en tu centro de salud y explica lo que ocurre; desde allí pueden derivarte a los servicios correspondientes.

¿Cuándo debería pedir ayuda por ver pornografía de forma compulsiva?

Conviene pedir ayuda cuando pierdes repetidamente el control del tiempo, no consigues reducir el visionado pese a intentarlo o este afecta al sueño, el trabajo o las relaciones. No hace falta llamarlo adicción ni esperar a que la situación empeore para hablar con un profesional. La vergüenza o el desacuerdo moral, por sí solos, no demuestran un problema. Puedes explicar en tu centro de salud qué ocurre, cuándo sucede y qué consecuencias observas, sin ponerte una etiqueta.

¿Cuáles son los 12 pasos para dejar las drogas?

Los 12 pasos son un marco de apoyo entre iguales usado por grupos como Narcóticos Anónimos, no una receta única para dejar las drogas. Empiezan por reconocer que el consumo está fuera de control y pedir ayuda, y continúan con revisión personal, reparación y apoyo a otras personas. Pueden complementar, pero no sustituir, la atención profesional.

¿Qué hago cuando tengo ganas?

Cuando tengas ganas de consumir, lo primero es ganar tiempo y poner distancia entre el impulso y el consumo. Cambiar de lugar, avisar a una persona de confianza o usar una herramienta breve puede ayudarte a atravesar ese momento. HelpClinic te guía con una de esas herramientas y te da la opción de hablar con un profesional.

HelpClinic

¿Sientes que todo te supera?

Si estás en peligro inmediato o piensas en el suicidio, llama ahora al número correspondiente de abajo. HelpClinic no es un servicio de emergencias.

Peligro inmediato (España y UE)

112

Línea 024 (España)

024

Adicciones, Fad: 900 16 15 15 (de lunes a viernes (excepto festivos), de 9:00 a 20:00, gratuito)

Otros países

México

Emergencias: 911

Línea de la Vida: 800 911 2000 (24 h, los 365 días, gratuito)

Estados Unidos

Emergencias: 911

988, marca 2 para español: 988 (24 h, gratuito; tambien por mensaje y chat)

Argentina

Emergencias: 911

Centro de Asistencia al Suicida: 0800 345 1435 (de 8:00 a 0:00, no es 24 h; desde Buenos Aires, 135)

Colombia

Emergencias (NUSE): 123

Línea 192, opción 4: 192 (24 h, gratuito desde fijo o celular)

Son líneas de ayuda externas, no HelpClinic. El número de emergencias y la línea de apoyo son gratuitos, y el 112 funciona en toda la Unión Europea. Abajo están México, Estados Unidos, Argentina y Colombia; si estás en otro país, encontrarás las líneas de ayuda de ese país en findahelpline.com.

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