
Cómo calmar los nervios momentos antes de competir
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Puedes notar los nervios cuando termina el calentamiento, llaman a tu turno o ves a tus rivales preparados. Tal vez aprietes la mandíbula, revises el equipo otra vez o empieces a imaginar el resultado. En ese momento, evita discutir con lo que sientes. Ponle un nombre breve y concreto: «Esto es activación porque me importa». No necesitas sentirte convencido al decirlo. La frase sirve para reconocer lo que está pasando y pasar a una acción conocida.
Apoya bien ambos pies, tanto si estás de pie como si esperas sentado. Nota el contacto con el suelo y completa cinco ciclos de respiración tranquila. Inspira por la nariz contando hasta cuatro y espira contando hasta seis. No intentes llenar los pulmones al máximo. Deja que la inhalación sea cómoda y que la espiración salga suave, un poco más larga. Si pierdes la cuenta, empieza de nuevo sin reprocharte nada. Si queda poco tiempo, continúa respirando mientras colocas el equipo o te diriges a la salida.
Después lleva la atención a tres señales concretas. Elige un sonido que puedas oír, un punto donde tu cuerpo toque la ropa o el equipo y algo que puedas ver. Puedes notar una voz, el contacto de la camiseta en los hombros y una línea del suelo. Quédate unos instantes con cada señal, sin buscar sensaciones especiales. Cuando aparezca otra predicción, vuelve al sonido, al contacto o al objeto que habías elegido.
Si surge una imagen de un error, una comparación con un rival o una pregunta sobre el resultado, responde con una frase completa: «Estoy teniendo un pensamiento sobre el resultado». También puedes decir: «Mi mente está intentando adelantarse. Ahora vuelvo a lo que tengo delante». No trates de impedir que el pensamiento regrese. Cada vez que aparezca, nómbralo y dirige otra vez la atención a una de las tres señales. Repetir este movimiento forma parte del ejercicio.
Elige ahora una frase centrada en la tarea. Debe recordarte algo que puedas hacer de inmediato: «Los primeros diez segundos, con calma», «Ritmo y respiración» o «Miro, respiro y empiezo». Repítela una vez. Afloja la mandíbula, baja los hombros si los notas elevados y haz el primer movimiento conocido de tu rutina de salida. Puede ser colocarte, mirar una referencia o ajustar el agarre. Busca dirigir la activación hacia esa acción concreta.
Si el primer intento no reduce los nervios, no acumules instrucciones. Vuelve a lo más sencillo: pies apoyados, espiración suave y una señal visible. Después di: «Sigo nervioso y puedo hacer la siguiente acción». Si te bloqueas al elegir esa acción, pregunta a tu entrenador o a una persona del equipo: «Dime solo cuál es la siguiente acción que tengo que hacer». Si nadie puede responderte, usa el primer movimiento habitual de tu salida como punto de partida y deja la evaluación para después de competir.
Si vives solo o no tienes familia cerca, puedes acordar un mensaje breve con una persona de confianza: «Estoy a punto de competir. Necesito centrarme y te escribiré cuando termine». Si trabajas por turnos, practica esta misma secuencia al comenzar cada entrenamiento, sin ligarla a una hora fija. Si no puedes gastar dinero, guarda las frases en una nota del móvil o en un papel dentro de la bolsa. Si el idioma supone una barrera, escríbelas en la lengua en la que piensas con más facilidad y enséñalas a tu entrenador antes de competir.
Conviene pedir cita con un psicólogo cuando los nervios se repiten y puedes observar que abandonas antes de empezar, evitas apuntarte, dejas entrenamientos a medias o pasas la noche despierto pensando en la competición. Lleva ejemplos concretos y di: «Antes de competir me ocurre esto, hago esta secuencia y aun así termino evitando o abandonando». Si ya tienes psicólogo, muéstrale la nota en la próxima cita. Si la primera conversación no aclara qué hacer, pregunta: «¿Qué puedo practicar antes de la próxima competición y qué información necesitas que anote?»








