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Apoyo desde el diagnóstico, no desde la primera cita

Un psicólogo online no acorta la espera, pero puedes empezar a cuidarte desde hoy.

Entre el diagnóstico y el tratamiento pueden imponerse el miedo y una avalancha de información. La guía de IA elige la siguiente herramienta y ordena tu rutina diaria; también tienes la opción de hablar con un especialista.

Calma en 3 minutos

24/7
Un ejercicio que calma el miedo tras una mala noticia
eso es lo que dura
3 min

No tienes que esperar a la cita para cuidarte; empieza hoy.

Lo que sientes ahora

  • Miedo
  • Incertidumbre
  • Exceso de información
  • Impotencia
  • La espera
No estás solo
No tienes que afrontarlo todo a la vez

Creado con psicólogos y la Universidad Médica de Łódź.

Lecturas breves para empezar

El primer día tras un diagnóstico: qué hacer y qué no leer

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Es posible que salgas de la consulta recordando solo una parte de lo que se dijo. Quizá releas un informe sin comprenderlo, imagines escenarios distintos o sientas que tienes que tomar decisiones inmediatamente. No tienes que entenderlo todo el primer día. Guarda los documentos juntos y evita interpretar por tu cuenta palabras que el profesional no explicó. Si alguien te pregunta qué ocurre, puedes responder: «Me han dado un diagnóstico y todavía estoy ordenando la información. Prefiero no sacar conclusiones hoy».

Divide una hoja en tres apartados: «sé», «no sé» y «siguiente paso». Bajo «sé», escribe el nombre exacto del diagnóstico, lo que explicó el profesional y cualquier indicación que recuerdes con claridad. Bajo «no sé», apunta cada duda sin intentar resolverla todavía. En «siguiente paso», anota la fecha del próximo contacto, qué debes preparar y con quién necesitas hablar. Si no recuerdas algo, escribe «no lo recuerdo» en vez de completar el hueco con una suposición. La hoja no tiene que quedar ordenada ni bonita, solo debe ayudarte a separar información, preguntas y tareas.

Antes de buscar en internet, convierte la inquietud en una pregunta concreta. Por ejemplo: «¿Qué significa esta palabra en mi informe?» o «¿Qué debo hacer hasta la próxima cita?». Si puedes contactar con el profesional, envía: «He revisado la información y hay un punto que no entendí. ¿Podría indicarme una fuente adecuada o aclarármelo en el próximo contacto?». Si consultas por tu cuenta, elige una fuente recomendada por el profesional o la web oficial de una institución pública de salud. Evita los foros que presentan una historia personal como norma, los titulares que prometen resultados milagrosos y los contenidos sin autor o fecha.

Fija de antemano qué vas a buscar y cuándo vas a cerrar la búsqueda. Ten la hoja al lado y anota las nuevas preguntas sin abrir más páginas para contestarlas. Cuando termine el límite que te hayas marcado, cierra las pestañas y cambia de actividad. Si no consigues parar, apaga la pantalla, deja el dispositivo en otra habitación o pide a alguien que lo guarde durante un rato. Si ya has leído algo que te ha asustado, no intentes neutralizarlo con más búsquedas. Escribe: «Esto lo he leído en internet y necesito preguntarle al profesional si se aplica a mi caso». No cambies medicamentos ni indicaciones médicas por algo leído en internet.

Cuida las próximas horas con acciones pequeñas y en orden. Come algo sencillo, bebe agua y comprueba qué compromiso puedes aplazar. Después decide si quieres avisar a una persona de confianza. No necesitas contar todos los detalles. Puedes enviar: «Hoy he recibido un diagnóstico difícil. No necesito que busques soluciones, pero me ayudaría que me llamaras esta tarde». También puedes decir: «Ahora no quiero hablar del contenido. ¿Puedes quedarte conmigo un rato o ayudarme con una tarea concreta?». Si la primera persona no responde o empieza a darte consejos que no has pedido, prueba con otra o contesta: «Gracias por preocuparte. Lo que necesito ahora es compañía y que no busquemos información».

Si vives solo o no tienes familia cerca, acuerda un contacto breve con alguien de confianza, aunque sea por mensaje: «Te escribiré después de cenar para decirte cómo estoy». Si trabajas por turnos, prepara la hoja cuando estés más despejado y guarda las preguntas en el móvil para no depender de un horario perfecto. Si no tienes dinero, céntrate en ordenar los documentos, anotar dudas y preguntar al profesional qué pasos puedes dar sin asumir gastos. Si hay una barrera de idioma, evita asentir cuando no has entendido. Di: «Necesito que lo explique con palabras más sencillas y que escriba los próximos pasos». También puedes preguntar si es posible acudir con una persona que te ayude a comprender la conversación.

Para preparar la cita o el próximo contacto, elige primero las tres preguntas que más afectan a lo que debes hacer ahora. Puedes llevar escritas estas frases: «¿Qué parte de esta información necesito entender hoy?», «¿Qué indicaciones debo seguir hasta que volvamos a hablar?» y «¿Qué cambios concretos debo comunicarle?». Durante la conversación, toma notas o pide tiempo para escribir. Antes de terminar, repite lo que has entendido: «Para comprobar que lo he anotado bien, el siguiente paso es este. ¿Es correcto?». Si la respuesta sigue sin quedar clara, no finjas que la has comprendido. Pide que la repitan, que la dividan en pasos o que señalen qué asunto puede esperar.

Involucra de nuevo al profesional cuando observes que no entiendes las indicaciones, no sabes cuál es el siguiente paso o la angustia te impide de forma repetida comer, beber, dormir, trabajar o atender tareas básicas. Puedes decir: «Desde que recibí el diagnóstico me está costando hacer estas cosas y necesito orientación sobre qué hacer ahora». Anota qué ocurre y qué te impide hacer, sin intentar diagnosticarte. Si aparecen síntomas que el profesional señaló como urgentes o tu estado empeora de forma repentina, contacta con el servicio médico adecuado. Si no sabes si algo requiere atención inmediata, describe exactamente lo que notas y pregunta al profesional, sin decidirlo a partir de una página de internet.

Cómo calmar el miedo cuando la mente imagina lo peor

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Tras recibir un diagnóstico, una palabra, una sensación física o una búsqueda pueden hacer que tu mente salte directamente al peor final. Quizá releas el mismo documento, examines cada cambio del cuerpo o imagines conversaciones que todavía no han ocurrido. Cuando notes ese salto, di: «Mi mente está creando una situación de amenaza». Añade una frase que te sitúe en el presente: «Esto es lo que temo, no algo que sepa ahora». No intentes resolver todo el futuro en ese momento.

Detén la búsqueda y apoya ambos pies en el suelo. Haz seis respiraciones tranquilas, dejando que cada espiración sea más larga. Después, nombra cinco cosas que ves y tres sonidos que oyes. Si te cuesta concentrarte, simplifica: describe en voz baja el color de un objeto, la sensación del suelo bajo los pies y el sonido más cercano. El objetivo inmediato es volver a lo que está ocurriendo en la habitación para poder decidir el siguiente paso.

Cuando puedas escribir, divide una hoja en dos columnas: «lo que sé ahora» y «lo que temo». En la primera, anota únicamente información del equipo médico o de los documentos que te hayan dado. Si no recuerdas algo con claridad, no lo completes de memoria. Escribe: «No estoy seguro de esto, tengo que preguntarlo». En la segunda columna, deja los temores tal como aparecen, aunque parezcan repetitivos o contradictorios. Separarlos evita que una posibilidad termine presentada como un hecho.

Convierte cada temor en una pregunta o en una acción pequeña. Si has escrito «Temo que esto sea peor de lo que me han dicho», puedes añadir: «¿Qué saben con certeza en este momento y qué falta por aclarar?». Si aparece «No voy a entender la próxima cita», escribe: «¿Puede explicármelo con palabras sencillas y decirme qué debo hacer después?». Para una duda sobre síntomas, tratamiento, pruebas o resultados, no intentes interpretarla por tu cuenta. Anótala para preguntársela al médico.

Antes de la cita, elige las tres preguntas que más necesitas responder. Puedes abrir la conversación así: «Estoy muy preocupado y me cuesta ordenar la información. Necesito empezar por estas tres preguntas». Si recibes demasiados datos, di: «Necesito parar un momento. ¿Puede repetir la parte que afecta a lo que tengo que hacer ahora?». Al terminar, prueba con: «Para comprobar que lo he entendido, voy a decirle con mis palabras qué tengo que hacer». Lleva la hoja y apunta cualquier cuestión que quede pendiente.

Si los pensamientos regresan durante el día, reserva quince minutos a una hora fija. Hasta entonces, escribe unas palabras, por ejemplo «miedo a la próxima cita», y vuelve a la actividad que tenías delante. Durante esos quince minutos, lee la lista y marca qué requiere una pregunta, una acción o ninguna respuesta por ahora. Si el primer intento no reduce el miedo, repite el anclaje una vez o hazlo más sencillo. Después cambia de tarea: bebe agua, dúchate, prepara algo de comer o envía un mensaje concreto a alguien.

Adapta el plan a tus circunstancias. Si vives solo o no tienes familia cerca, puedes enviar: «Hoy estoy pasando un momento difícil. ¿Puedes escribirme esta noche y hablar conmigo unos minutos?». Si trabajas por turnos, fija los quince minutos respecto a tu rutina, por ejemplo después de despertarte, en lugar de elegir siempre la misma hora del reloj. Si no tienes dinero, utiliza papel o las notas del móvil y pregunta al equipo médico qué opciones puedes considerar. Si hay una barrera de idioma, lleva las preguntas escritas y di: «No estoy seguro de haberlo entendido. Necesito una explicación más sencilla y tiempo para tomar notas».

Habla con tu médico o con quien te atiende en salud mental cuando el miedo se vuelva inmanejable, dificulte el sueño o interfiera con la vida diaria. Puedes observarlo en hechos: no consigues terminar tareas básicas, faltas al trabajo, dejas de responder mensajes, pasas gran parte del día buscando información o no puedes concentrarte durante una conversación. No esperes a encontrar la forma perfecta de explicarlo. Di: «Desde el diagnóstico, el miedo está afectando a mi sueño y a mis actividades diarias. Necesito ayuda para manejarlo antes de la próxima cita». Lleva también tus dos columnas para mostrar qué sabes, qué temes y qué dudas siguen abiertas.

Qué preguntar en tu primera cita: una lista que ayuda

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Cuando recibes un diagnóstico difícil, es fácil llegar a la cita con miedo, prisa y preguntas que aparecen todas a la vez. No intentes convertir esa preocupación en una lista perfecta. Abre una nota en el móvil o usa una hoja y escribe cada duda tal como te salga. Después reúne las preguntas repetidas, borra lo que ya esté contestado en la información que tienes y deja espacio para anotar respuestas. Señala las tres preguntas que necesitas resolver para saber qué hacer al salir.

Prepara una lista de medicamentos, suplementos y alergias. Añade los síntomas principales y cuándo empezaron, usando descripciones concretas sobre lo que notas y lo que ha cambiado. Si temes quedarte en blanco, comienza la cita diciendo: «He recibido mucha información y me cuesta ordenarla. Traigo tres preguntas principales y una lista con mis síntomas». Puedes entregar la hoja o leerla. Así no dependes de recordar todo mientras intentas asimilar lo que te están explicando.

Si puedes, pide a alguien de confianza que te acompañe y tome notas. Puedes escribirle: «Tengo una cita sobre mi diagnóstico. ¿Podrías venir conmigo, escuchar y apuntar los siguientes pasos?». Si vives solo o no tienes familia cerca, esa persona puede ser una amistad. Pregunta si puede participar a distancia cuando no pueda acompañarte. También puedes decir al empezar: «¿Puedo grabar el resumen final para escucharlo después?». Si no es posible, pide unos minutos para escribirlo.

Ordena las preguntas en cinco grupos. Para entender el diagnóstico: «¿Qué significa exactamente este diagnóstico en mi caso?». Para separar lo conocido de lo incierto: «¿Qué está confirmado y qué falta por comprobar?». Para conocer los siguientes pasos: «¿Qué opciones hay y qué debo hacer primero?». Para saber cuándo pedir ayuda: «¿Qué síntomas necesitan atención urgente y qué hago si aparecen?». Para organizar el seguimiento: «¿Cuándo será el próximo contacto y con quién?». Empieza por las tres que marcaste si el tiempo es limitado.

Cuando aparezca una palabra que no entiendes, interrumpe con calma: «Explíquelo con palabras cotidianas, por favor». Después comprueba lo que has entendido: «Voy a repetirlo con mis palabras para ver si lo he comprendido bien». Explica entonces el diagnóstico, el primer paso y el próximo contacto tal como los recuerdas. No busques usar términos técnicos. Lo útil es que la persona que te atiende pueda corregir cualquier diferencia entre lo que dijo y lo que tú entendiste.

Si la primera explicación no te ayuda, prueba una petición más concreta: «Sigo sin entender qué tengo que hacer al salir de aquí. ¿Puede explicarme solo el primer paso?». También puedes preguntar: «¿Puede darme un ejemplo de cómo sería ese paso?». Cuando una respuesta todavía sea incierta, di: «¿Cuándo es probable que sepamos más?» y «¿Qué haremos mientras esperamos?». Si no hay tiempo para el resto de la lista, pregunta cómo puedes plantear después las dudas pendientes.

Antes de salir, confirma en voz alta qué harás primero, qué no debes cambiar todavía, dónde encontrarás información fiable y a quién llamar si empeoras. Pide las indicaciones principales por escrito. Si trabajas por turnos, pregunta cómo organizar el próximo contacto alrededor de tu horario. Si el dinero limita tus opciones, dilo antes de aceptar el siguiente paso: «Necesito saber qué coste tendría y qué alternativas puedo preguntar». Si existe una barrera de idioma, pide apoyo lingüístico y comprueba por escrito las instrucciones esenciales.

Al llegar a casa, revisa las notas sin intentar resolver todas las dudas de una vez. Escribe el primer paso, la fecha o forma del próximo contacto y el nombre de la persona a la que debes llamar. Si las notas no coinciden, falta una indicación esencial o sigues sin poder explicar qué debes hacer, contacta con la consulta y di: «Después de revisar la información, no tengo claro este punto. ¿Podrían confirmármelo?». Involucra al profesional indicado si aparecen los síntomas que identificó como urgentes, si empeoras o si un cambio observable te impide seguir las indicaciones. Describe qué ha cambiado y pregunta qué hacer, sin decidir por tu cuenta si es peligroso.

Cómo hablar de tu diagnóstico con tus seres queridos

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Después de recibir un diagnóstico, puede costar ordenar lo que sabes, lo que temes y lo que todavía no entiendes. Quizá quieras contarlo enseguida y, al mismo tiempo, te preocupe la reacción de los demás. Antes de hablar, elige a una persona concreta. Piensa quién suele escucharte sin interrumpir, quién respeta lo que le cuentas y con quién puedes terminar la conversación si te sientes saturado. No es necesario informar a toda la familia a la vez. Puedes empezar por alguien y decidir después si quieres hablar con más personas.

Prepara tres elementos: qué quieres compartir, cuál es el plan actual y qué apoyo necesitas. Puedes comunicar solo el diagnóstico, añadir el siguiente paso o explicar cómo te sientes. Escribe unas frases para no tener que improvisar: «He recibido este diagnóstico. Esto es lo que sé por ahora. Hay cosas que todavía tengo que preguntar al profesional». Si no quieres entrar en detalles, dilo desde el principio: «Prefiero no explicar más todavía. Cuando tenga información y me apetezca hablar, te lo diré». También puedes aclarar si esa persona puede contárselo a alguien más.

Busca un momento en el que ninguno tenga que marcharse inmediatamente. Puedes avisar antes con un mensaje: «Necesito contarte algo relacionado con mi salud. ¿Podemos hablar cuando tengas un rato tranquilo?». Al empezar, ve directamente al asunto y marca el tipo de conversación que necesitas: «He recibido un diagnóstico. Quiero contarte lo que sé, pero todavía no necesito consejos». Si te preocupa emocionarte o quedarte en blanco, lleva tus frases escritas y léelas. También puedes decir: «Puede que necesite parar unos minutos. No significa que no quiera hablar contigo».

Después, haz una petición concreta. A la otra persona le resultará más fácil responder si sabe qué puede hacer ahora. Prueba con «Escúchame diez minutos», «Acompáñame a la cita» o «Escríbeme mañana por la tarde». También puedes pedir algo cotidiano: «Hoy no quiero hablar más del diagnóstico. ¿Puedes quedarte conmigo mientras cenamos?» o «Necesito ayuda para apuntar las preguntas que quiero hacer al profesional». Si no sabes qué pedir, puedes decirlo así: «Todavía no sé qué necesito. Por ahora, me ayudaría que me escucharas sin buscar soluciones».

La primera reacción puede no ser la que esperabas. La persona quizá haga muchas preguntas, cambie de tema, se quede callada o empiece a hablar de sus propios miedos. Vuelve a lo que sí sabes: «Entiendo que te preocupe. Por ahora, el plan es…». Si te pregunta algo que desconoces, responde: «No tengo esa respuesta. La apuntaré para preguntársela al profesional». No tienes que tranquilizar a todos. Si notas que estás ocupándote más de su reacción que de explicar lo que necesitas, prueba con «Sé que esto también te afecta, pero ahora necesito que me escuches a mí. Podemos hablar de cómo te sientes en otro momento».

Prepara límites para las historias, las sugerencias y las preguntas que no quieras atender. Puedes decir: «Ahora no quiero oír otros casos; seguiré el consejo del profesional», «No quiero comparar mi situación con la de otra persona» o «Ese detalle prefiero guardármelo». Si el límite no se respeta, repítelo sin añadir explicaciones: «Te he pedido que no me des consejos». Después, termina la conversación: «Voy a parar aquí. Podemos retomarla otro día». Si el primer intento sale mal, no tienes que resolverlo en ese momento. Más tarde puedes enviar: «Ayer me sentí desbordado. Quiero intentarlo de nuevo, pero necesito que esta vez me escuches sin preguntas durante un rato».

Adapta la conversación a tus circunstancias. Si vives solo o no tienes familia cerca, elige a una persona disponible por teléfono y acuerda un contacto concreto: «¿Puedes llamarme cuando termine la cita?». Si trabajas por turnos, propón una hora realista o utiliza un mensaje que la otra persona pueda leer sin responder de inmediato. Si no tienes dinero, pide apoyos que no impliquen gastar, como una llamada, compañía, ayuda para escribir preguntas o un recordatorio. Si hay una barrera lingüística, utiliza frases cortas, prepara el texto en la lengua en la que puedas expresarte mejor y pide a alguien de confianza que te ayude a revisarlo. Si hablar en voz alta resulta demasiado difícil, envía un mensaje con los mismos tres elementos: el diagnóstico, el plan actual y tu petición de apoyo.

Observa qué ocurre después de contarlo. Conviene involucrar al profesional si cada intento de hablar termina en un bloqueo que te impide explicar lo básico, si las reacciones de los demás aumentan tu confusión, si no consigues formular las preguntas que necesitas llevar a la cita o si el miedo está interfiriendo de forma clara con tareas cotidianas. Anota ejemplos concretos y evita decidir por tu cuenta qué significan. Puedes llevar esta frase preparada: «Desde que recibí el diagnóstico, me ocurre esto cuando intento hablar con otras personas. Necesito ayuda para ordenar la información, preparar mis preguntas y decidir cómo comunicarlo».

Cómo pedir al médico de cabecera que te derive a salud mental

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Empieza por pedir cita previa en tu centro de salud. No necesitas llegar con un diagnóstico psicológico ni preparar una explicación perfecta. El objetivo es contar qué ha cambiado desde que recibiste el diagnóstico, desde cuándo ocurre y cómo interfiere en tu vida. Puedes abrir la conversación así: «Desde el diagnóstico estoy muy agobiado, no consigo frenar los pensamientos y necesito que valore si debe derivarme a salud mental». Si la palabra que mejor encaja es miedo, confusión, tristeza o bloqueo, úsala. Habla como hablarías con alguien de confianza.

Antes de la cita, apunta situaciones concretas. En lugar de escribir «estoy fatal», anota qué sucede con el sueño, el trabajo, las tareas de casa, las conversaciones o tu capacidad para concentrarte. Por ejemplo: «Me despierto pensando en el diagnóstico», «no consigo terminar tareas que antes hacía» o «evito hablar del tema porque me bloqueo». Añade cuándo empezaste a notarlo y si está empeorando. Lleva también, si los tienes, informes o indicaciones relacionados con el diagnóstico. Una hoja breve puede ayudarte cuando la consulta te resulte abrumadora.

Durante la consulta, cuenta primero el motivo principal, después los cambios observables y finalmente lo que estás pidiendo. Puedes decir: «Desde que recibí el diagnóstico, esto está afectando a mi sueño y a mi vida diaria. Quiero que valore una derivación a salud mental». Si te quedas en blanco, entrega tus notas y añade: «Me cuesta explicarlo en voz alta. He escrito lo que me pasa para no olvidarme». No hace falta contar todo de una vez. Empieza por lo que más te impide funcionar hoy y responde a las preguntas del médico con ejemplos concretos.

En la sanidad pública no se pide cita directa con el psicólogo. El médico de familia valora la situación y, si corresponde, hace la derivación a la Unidad o Centro de Salud Mental. El nombre cambia según la comunidad autónoma. Antes de terminar, comprueba qué ocurrirá después: «¿Cuál es el siguiente paso si hace la derivación?», «¿Cómo sabré que la solicitud está en marcha?» y «¿Qué debo hacer si empeoro durante la lista de espera?». Si no entiendes una respuesta, pide que te la repitan con palabras más sencillas y anota lo esencial.

Si la primera consulta no resuelve tu necesidad, pregunta qué ha valorado el médico y qué tendría que ocurrir para revisar la decisión. Una frase útil es: «Sigo teniendo dificultades para dormir, trabajar y ocuparme de lo básico. ¿Puede explicarme qué recomienda hacer ahora y cuándo conviene pedir una nueva valoración?». Pide que quede anotado cómo te está afectando. Si después aparecen cambios o el problema interfiere más en tu vida, solicita otra cita y explica qué es diferente: «Desde la última consulta ha empeorado esto concreto». No conviertas la segunda conversación en una discusión. Lleva hechos, ejemplos y una petición clara.

Adapta la preparación a tus circunstancias. Si vives solo o no tienes familia cerca, piensa en una persona de confianza que pueda leer tus notas o preguntarte después cómo fue la consulta. Puede ser un amigo, un vecino o alguien del trabajo. Puedes enviar: «Tengo una cita que me cuesta afrontar. ¿Podrías escribirme después para comprobar cómo ha ido?». Si trabajas por turnos, explica tu disponibilidad al pedir cita y elige una que realmente puedas mantener. Si no puedes pagar ayuda privada, centra el siguiente paso en el médico de cabecera y pregunta qué hacer mientras esperas. Si hay una barrera de idioma, prepara frases breves por escrito y pregunta al centro cómo puedes comunicar mejor lo que necesitas.

Mientras llega la cita, usa apoyos sencillos para atravesar los momentos difíciles y ordenar lo que quieres hablar. Anota qué ocurrió, qué sentiste, qué necesitabas y qué te ayudó a pasar ese rato. Habla con una persona de confianza antes de que el malestar te deje sin palabras. Puedes escribir: «Hoy estoy muy bloqueado por el diagnóstico. No necesito que lo soluciones, pero me ayudaría que me escucharas un momento». Guarda también las preguntas médicas para la siguiente consulta. No cambies por tu cuenta las indicaciones relacionadas con el diagnóstico. Si tienes dudas sobre ellas, pregunta al médico.

Vuelve al centro de salud cuando observes que ya no puedes mantener lo básico del día o cuando el cambio sea claro respecto a la consulta anterior. Algunos ejemplos que puedes contar son no poder ocuparte de las tareas esenciales, dejar de ir al trabajo, no conseguir dormir o aislarte hasta perder el contacto habitual con otras personas. No necesitas decidir por tu cuenta qué significa cada señal. Describe lo que sucede y pide una nueva valoración: «Esto ya me impide mantener mi vida diaria y necesito que lo revisemos». Si hay peligro inmediato para tu vida o la de otra persona, deja la autoayuda, ve a urgencias o usa el bloque de contacto de esta página.

Cómo dejar de pensar todo el rato en la enfermedad

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Después de recibir un diagnóstico, la mente puede volver una y otra vez a la misma palabra, a la próxima cita o a lo que podría ocurrir. Quizá releas informes, repitas búsquedas o intentes reconstruir cada detalle de la conversación. El bucle también aparece mientras cocinas, trabajas o apagas la luz para dormir. Cuando lo notes, evita discutir con el pensamiento o exigirte que desaparezca. Di en silencio: «Estoy pensando otra vez en la enfermedad. Ahora voy a ocuparme de los próximos minutos».

Empieza con un anclaje sensorial. Detén lo que estés haciendo, apoya los pies y nombra tres cosas que ves. Después, identifica qué notas en el cuerpo, por ejemplo el contacto de la ropa, la temperatura del aire o el peso de las manos. Termina prestando atención a los sonidos cercanos. No necesitas sentirte tranquilo para hacerlo. Solo describe lo que está ocurriendo: «Veo la mesa. Noto los pies en el suelo. Oigo un coche». Si pierdes el hilo, vuelve a una sola cosa visible y descríbela con más detalle.

A continuación, elige una acción concreta que ocupe las manos: ducharte, preparar algo de comer o doblar ropa. Haz únicamente el primer paso. Puedes decirte: «Ahora voy a coger la toalla» o «Ahora voy a sacar un plato». Si el anclaje no abre espacio en el primer intento, acórtalo. Lávate la cara, bebe agua o siéntate junto a una ventana. Después, repítelo una vez y cambia de actividad. Quedarte en blanco no es la meta. Basta con interrumpir el bucle durante un momento y recuperar una decisión pequeña.

Cuando el pensamiento vuelva, anota la frase exacta en vez de seguirla. Escribe, por ejemplo: «Me preocupa no haber entendido el diagnóstico» o «Tengo miedo de lo que me dirán en la cita». Elige una hora para revisarla durante diez minutos. Hasta entonces, responde: «Esto está apuntado. Lo miraré a la hora que he elegido». Después vuelve al paso que tenías delante. Si durante esos diez minutos no encuentras nada útil que hacer, cierra la nota y escribe qué necesitas preguntar, comprobar con el profesional o contar a otra persona.

Separa las dudas médicas de las preguntas que no pueden resolverse ahora. Para cada duda médica, prepara una frase breve: «No entendí esta parte del diagnóstico. ¿Puede explicármela con palabras más sencillas?»; «¿Qué indicaciones debo seguir hasta la próxima cita?»; «He buscado información y ahora estoy más confundido. ¿Qué debo preguntar o revisar con usted?». Guarda estas preguntas en una sola nota para llevarlas a la consulta. Si sientes el impulso de repetir búsquedas, añade la duda a esa nota y vuelve a una tarea concreta. Pregunta al profesional cualquier cuestión sobre síntomas, pruebas, tratamiento o evolución.

Si necesitas apoyo de alguien, pide una acción específica. Puedes enviar: «Desde que recibí el diagnóstico pienso en ello todo el rato. ¿Puedes hablar conmigo un rato sin buscar soluciones?» También puedes decir: «Esta noche me está costando desconectar. ¿Puedes escribirme más tarde para saber cómo estoy?» Si la primera persona no responde o intenta tranquilizarte de una forma que no ayuda, prueba con otra y aclara lo que necesitas: «Gracias por intentar ayudarme. Ahora me serviría que me escucharas y me ayudaras a ordenar las preguntas para la cita».

Si vives solo o no tienes familia cerca, el contacto puede ser por llamada o mensaje con una persona de confianza. Deja acordado cuándo volveréis a hablar, en lugar de esperar mirando el teléfono. Con turnos de trabajo, coloca los diez minutos de preocupación antes o después de tu turno, cuando puedas respetarlos. Si no tienes dinero para buscar apoyo privado, pide cita con tu médico de cabecera en el centro de salud. Si existe una barrera de idioma, lleva las dudas escritas y di: «Me cuesta explicar esto en este idioma. Necesito que hable más despacio y compruebe si lo he entendido».

Observa lo que puedes comprobar en tu vida diaria. Si el miedo te impide dormir, comer, trabajar o seguir las indicaciones médicas, pide apoyo profesional aunque todavía puedas completar alguna tarea. También es momento de pedirlo si pruebas el anclaje, reduces la actividad y aplazas la preocupación, pero no consigues abrir ni un pequeño espacio. Puedes decir: «Desde el diagnóstico, el miedo me impide dormir, comer, trabajar o seguir las indicaciones. Necesito que valore lo que me está pasando». Pide cita con tu médico de cabecera en el centro de salud para que valore la situación y, si corresponde, te derive a la Unidad o Centro de Salud Mental. Si ya te atiende un equipo por el diagnóstico, cuéntale también lo que está pasando.

Me acaban de dar un diagnóstico y tengo miedo

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Después de recibir la noticia, quizá recuerdes palabras sueltas de la consulta, imagines muchos escenarios a la vez o sientas que deberías comprenderlo todo de inmediato. También puede ocurrir que no notes casi nada y el miedo aparezca al llegar a casa. Antes de buscar respuestas, coloca los informes en un lugar accesible, siéntate donde puedas estar unos minutos y aplaza cualquier decisión que no sea necesaria ahora. Puedes decirte: «Hoy no tengo que resolver todo el proceso. Primero voy a ordenar este momento». La guía de IA de HelpClinic puede acompañarte entre citas, pero no es terapeuta, no diagnostica y no es un servicio de crisis. Este apoyo no es terapia ni tratamiento.

Divide una hoja o una nota del móvil en tres partes. Empieza con «ahora siento» y completa la frase sin intentar corregirte: «Ahora siento miedo, confusión y enfado» o «Ahora mismo no sé qué siento». Después escribe «lo que sé hoy» y anota únicamente lo que recuerdas o tienes por escrito. Si dudas de algo, no lo conviertas en un hecho. Escribe: «No sé qué significa esta palabra» o «Tengo que confirmar esto con el especialista». Termina con «lo que necesito para pasar este momento». Puede ser descansar, comer algo, estar acompañado, llorar sin dar explicaciones o guardar una pregunta para el equipo médico.

Lee las tres partes una sola vez y elige una necesidad que dependa de ti hoy. Conviértela en una acción que puedas empezar tal como estás. «Voy a beber agua y sentarme un rato», «Voy a comer algo sencillo», «Voy a guardar los documentos en esta carpeta» o «Voy a enviar un mensaje para pedir compañía». Si aparecen varias necesidades, anótalas sin intentar atenderlas todas a la vez. Marca la que reduce la dificultad más inmediata. Cuando termines esa acción, vuelve a mirar la lista y decide si puedes hacer otra o si necesitas parar y descansar.

Para pedir apoyo no tienes que explicar el diagnóstico completo ni responder preguntas. Puedes enviar: «Me acaban de dar un diagnóstico y estoy asustado. No necesito que busques soluciones. ¿Puedes quedarte conmigo un rato o llamarme cuando puedas?». Si prefieres hablar del tema más adelante, prueba con: «Hoy he recibido una noticia médica difícil. Quiero contártela, pero todavía no puedo hablar de todos los detalles. Me ayudaría que me preguntaras qué necesito». También puedes pedir algo concreto: «¿Puedes acompañarme mientras preparo las preguntas para el especialista?» o «¿Puedes escribirme después para saber cómo estoy?».

El primer intento puede no funcionar. La persona quizá no responda, cambie de tema o trate de tranquilizarte con frases que no te ayudan. Puedes aclararlo así: «Sé que quieres ayudarme, pero ahora no necesito que me digas que todo saldrá bien. Necesito que me escuches» o «No puedo hablar más del diagnóstico. ¿Podemos hablar de otra cosa mientras me acompañas?». Si sigues sintiéndote más agobiado, termina la conversación, deja el papel y apoya los pies en el suelo. Describe en voz alta el lugar en el que estás y lo que tienes delante. Después elige otra persona de confianza o escribe el mensaje sin enviarlo todavía.

Si vives solo, decide a quién puedes avisar y acuerda una forma concreta de contacto: «Esta noche me vendría bien recibir un mensaje tuyo. Si no respondo, vuelve a escribirme». Si no tienes familia cerca, piensa en una amistad, una persona vecina o alguien del trabajo con quien te sientas seguro. Si trabajas a turnos, indica directamente cuándo puedes responder: «Salgo tarde y quizá no pueda hablar. Te escribiré cuando termine». Si no tienes dinero, centra el plan inmediato en acciones que no impliquen gastar y di en el centro de salud: «No puedo asumir un coste. Necesito saber qué pasos puedo seguir desde aquí». Si existe una barrera de idioma, prepara frases breves en la lengua que manejas mejor, pide ayuda para traducirlas si cuentas con alguien de confianza y comunica al equipo médico: «Necesito que hablemos despacio y que me expliquen las palabras que no entienda».

Antes del siguiente contacto con el equipo médico, reúne las dudas en una nota. Copia las palabras del informe que no comprendes y escribe debajo lo que quieres preguntar: «¿Qué significa esto en mi caso?», «¿Qué necesito hacer antes de la próxima cita?» y «¿Con quién contacto si me surge una duda?». Añade una frase sobre cómo te está afectando la espera: «Desde que recibí el diagnóstico, el miedo me impide concentrarme y cuidarme como suelo hacerlo». Si durante la cita te bloqueas, entrega la nota o lee la primera pregunta. No rellenes por tu cuenta los espacios que faltan. Marca cada respuesta pendiente y pregunta al especialista que lleva el diagnóstico.

Observa lo que está ocurriendo en tu día, no si consigues parecer tranquilo. Si el miedo sigue ocupándolo todo, te impide comer, descansar, asearte, trabajar o atender tareas básicas, o hace imposible continuar con el día, pide cita con tu médico de cabecera en el centro de salud. Puedes decir: «Desde que recibí el diagnóstico, el miedo está interfiriendo en mi vida diaria y necesito ayuda para manejarlo». El médico de cabecera puede valorar una derivación a la Unidad o Centro de Salud Mental. Para dudas sobre el diagnóstico, contacta con el especialista que lo lleva. Si aparece peligro inmediato o piensas en hacerte daño, acude a urgencias y usa los recursos del bloque de contacto de esta página.

Cómo preparar la próxima cita si no entendiste al médico

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Puede que hayas salido de la consulta con un informe en la mano y muchas frases sueltas en la cabeza. Quizá recuerdas el nombre del diagnóstico, pero no qué significa en tu caso, o no sabes qué parte está confirmada y cuál falta por comprobar. Antes de buscar más explicaciones, anota lo que crees haber entendido sin intentar corregirlo. Puedes empezar así: «Creo que me explicó que…, pero no estoy seguro de haberlo entendido bien». Esa frase será la base de la próxima conversación.

Reúne el informe, el nombre de las pruebas y cualquier indicación que recibiste. Marca las palabras que no reconoces y escribe al lado qué necesitas saber sobre cada una. Separa también los datos que recuerdas con claridad de los que te generan dudas. Si algo no aparece por escrito, no lo completes con una respuesta de internet o de una IA. Déjalo como pregunta: «Recuerdo que hablamos de esto, pero no sé si fue una indicación o una posibilidad. ¿Puede confirmármelo?».

Convierte cada punto confuso en una pregunta de confirmación. Primero resume con tus propias palabras y después pide que te corrijan: «He entendido que el diagnóstico significa esto en mi caso. ¿Lo he entendido bien?». Continúa con preguntas concretas: «¿Qué está confirmado ahora?», «¿Qué falta por comprobar?», «¿Cuál es el siguiente paso?», «¿Con quién debo contactar si noto un cambio?» y «¿Qué indicación debo seguir hasta la próxima cita?». Una guía de IA puede ayudarte a redactarlas, pero no puede interpretar resultados ni confirmar un diagnóstico.

Ordena las preguntas antes de ir. Coloca primero las que necesitas para saber qué debes hacer después de la consulta. Si la cita es breve, puedes decir al empezar: «He preparado varias dudas. Las tres que más necesito aclarar son estas». Lleva una copia fácil de leer, en papel o en el móvil, y deja espacio para apuntar la respuesta. No uses las notas para cambiar medicación, citas o indicaciones por tu cuenta. Confirma cualquier cambio con el profesional que conoce tu caso.

Durante la consulta, lee tu resumen en voz alta y detente después de cada idea. Prueba con esta frase: «Voy a repetir lo que he entendido para que pueda corregirme». Si la explicación sigue siendo difícil, dilo de forma directa: «Sigo sin entender esta parte. ¿Puede explicármela con palabras más sencillas?» o «¿Puede anotar cuál es el siguiente paso?». Antes de terminar, comprueba tres cosas: qué debes hacer, cuándo debes hacerlo y con quién debes contactar si tienes una duda. Pedir claridad no es una molestia.

Si el primer intento no funciona, señala el punto exacto que continúa confuso. En vez de repetir «no entiendo», puedes decir: «Entiendo el nombre, pero no sé qué cambia para mí ahora» o «Comprendo el siguiente paso, pero no sé qué tengo que hacer mientras espero». Si ya saliste de la consulta, escribe al servicio médico que lleva el diagnóstico: «Después de revisar mis notas, sigo teniendo una duda sobre la indicación recibida. ¿Podrían confirmarme qué debo hacer?». Conserva la respuesta junto al informe para no depender de la memoria.

Adapta la preparación a tus circunstancias. Si vives solo o no tienes familia cerca, pide a una persona de confianza que revise contigo las preguntas o que esté disponible después de la cita. Si trabajas por turnos, pregunta: «¿Cómo puedo contactar con el equipo si mi horario no coincide con el habitual?». Si no tienes dinero, basta con una hoja o una nota en el móvil para ordenar las dudas. Si existe una barrera de idioma, prepara esta petición: «Necesito frases cortas y palabras sencillas. ¿Puede comprobar que lo he entendido?». También puedes preguntar antes de la cita si una persona de confianza puede ayudarte con el idioma.

Observa cómo te afecta el agobio mientras esperas. Si persiste y te impide dormir, comer, trabajar o seguir las indicaciones que sí comprendiste, contacta con tu médico de cabecera para que valore una derivación a salud mental. No intentes decidir con una IA si un síntoma es urgente. Si aparece un síntoma que el equipo señaló como urgente o empeoras de forma repentina, contacta con el servicio médico que lleva el diagnóstico o acude a urgencias. La guía de HelpClinic no es terapeuta ni un servicio de crisis, y este apoyo no es terapia ni tratamiento.

Qué hacer hoy si no puedes dejar de pensar en lo peor

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Después de recibir un diagnóstico difícil, la mente puede adelantarse a conversaciones, pruebas o decisiones que todavía no han ocurrido. Quizá relees lo que te dijeron, buscas una certeza que no tienes o interpretas cada sensación como una confirmación de tu mayor temor. Cuando lo notes, ponle nombre: «Estoy teniendo el pensamiento de que…». Escribe la frase exacta, aunque resulte incómoda. Debajo, completa «Lo que sé ahora es…» usando únicamente la información que te haya dado el equipo médico. Deja en una tercera línea aquello que todavía no sabes.

Separa después esas tres líneas: pensamiento, información confirmada y duda pendiente. No intentes sustituir el miedo por la seguridad de que todo saldrá bien. Ahora mismo puede que no tengas datos para hacerlo. Busca una frase más ajustada: «Esto me asusta, pero todavía no sé si ocurrirá» o «Mi mente está completando la información que falta con el peor resultado». Léela una vez y elige qué harás durante los próximos minutos. Puede ser ducharte, comer algo, vestirte, caminar por casa o preparar lo necesario para salir.

Si el pensamiento vuelve, haz una comprobación de realidad. Pregunta: «¿Qué dato necesitaría para saber si esto es cierto?» y «¿Quién puede responderme?». Anota una pregunta breve para la próxima llamada o cita, sin intentar resolverla por tu cuenta. Puedes escribir: «Desde que recibí el diagnóstico estoy pensando que puede pasar esto. ¿Qué parte está confirmada y qué parte todavía no se sabe?» También puedes decir: «Me cuesta ordenar toda la información. ¿Puede explicarme cuál es el siguiente paso y qué debo hacer mientras llega la cita?».

Guarda las preguntas en un único lugar para no empezar de cero cada vez que aparezca el miedo. Si sigues dando vueltas a la misma duda, responde: «Esto ya está apuntado para preguntarlo. Ahora no tengo un dato nuevo». Después vuelve a una tarea de poca exigencia. Si «preparar la comida» parece imposible, reduce la acción a entrar en la cocina. Si «ponerme a trabajar» te bloquea, abre solo lo que necesitas para la primera tarea. Si tampoco puedes empezar, elige algo más pequeño y concreto. Repetir esta secuencia es más realista que exigirte calma inmediata.

Cuando necesites compañía, pide algo específico. A otra persona puedes enviarle: «Me han dado un diagnóstico y hoy mi cabeza se va continuamente al peor escenario. No necesito que busques soluciones. ¿Puedes escucharme durante un rato?». Si prefieres ayuda práctica: «Hoy me cuesta organizarme. ¿Puedes recordarme que coma y ayudarme a preparar las preguntas para la cita?». Si la primera persona minimiza lo que sientes, cambia la petición o contacta con otra: «Sé que intentas tranquilizarme, pero decirme que no piense en ello no me ayuda. Necesito que me escuches sin asegurarme qué va a pasar».

Si vives solo o no tienes familia cerca, prepara un contacto posible y una tarea para las horas más difíciles. El contacto puede ser alguien con quien puedas hablar por teléfono o intercambiar mensajes. Si trabajas por turnos, escribe las preguntas cuando surjan y decide cuándo podrás llamar al especialista o al centro de salud, en lugar de intentar resolverlas mientras trabajas o descansas. Si no tienes dinero para buscar apoyo privado, pide cita con tu médico de cabecera en el centro de salud. Si existe una barrera de idioma, lleva las preguntas escritas y di: «No estoy seguro de haber entendido bien el diagnóstico. Necesito que me lo expliquen con palabras más sencillas y saber qué opciones hay para facilitar la comunicación».

Por la noche, evita convertir la cama en el lugar donde intentas solucionar todo el diagnóstico. Antes de acostarte, revisa la hoja una sola vez, comprueba que las dudas estén apuntadas y elige la primera acción de la mañana. Puedes decirte: «No tengo que resolver esto ahora. La pregunta está guardada y la consultaré con el especialista». Si te levantas para volver a buscar respuestas o releer información, regresa a la misma frase y haz una actividad sencilla de poca exigencia. Si el primer intento no funciona, repite el paso sin añadir nuevas búsquedas ni discutir durante horas con el pensamiento.

Observa lo que puedes o no puedes hacer, en vez de esperar a sentirte completamente desbordado. Si pensar en lo peor te impide dormir, comer, trabajar o seguir las indicaciones médicas, contacta con el especialista que lleva el diagnóstico o pide cita con tu médico de cabecera en el centro de salud. Puedes decir: «Desde que recibí el diagnóstico no consigo dejar de pensar en el peor resultado. Está afectando a mi sueño, mi alimentación, mi trabajo o mi capacidad para seguir las indicaciones. Necesito que valore qué apoyo hace falta». Tu médico de cabecera puede valorar si necesitas una derivación a la Unidad o Centro de Salud Mental. Si aparece peligro inmediato para tu vida o piensas en hacerte daño, la guía de IA no es un servicio de crisis: acude a urgencias y usa los recursos del bloque de contacto de esta página.

Tras recibir un diagnóstico, la espera hasta la próxima cita puede hacerse especialmente difícil

Un psicólogo online puede darte apoyo emocional tras el diagnóstico mientras llega tu primera cita con el especialista. Hasta entonces, es fácil quedarse a solas con el miedo y con respuestas contradictorias de internet. HelpClinic complementa la terapia con herramientas breves para momentos difíciles, rutinas personalizadas y la opción de hablar con un especialista; no sustituye el tratamiento ni las indicaciones de tu equipo médico.

Acceso
1 de cada 3personas con depresión en el mundo recibe atención formal de salud mental
Entre citas
Rutina diariaLa guía de IA propone ejercicios breves para los próximos días. No es terapeuta ni un servicio de crisis.
Cómo estás
Primer pasoUna breve evaluación online de cómo te encuentras puede ayudarte a ordenar lo que has observado, pero no confirma ni pone en duda el diagnóstico que has recibido.

«No fue el diagnóstico lo que me asustó. Fueron las semanas de espera, sin saber qué hacer conmigo misma.»

Del primer día tras el diagnóstico a un camino más sereno

Un primer contacto breve

Cuéntanos qué es lo que más te asusta tras el diagnóstico: adaptamos el apoyo a lo que sientes hoy.

Herramientas para el miedo

Ejercicios de respiración, propuestas de escritura y técnicas de TCC y ACT basadas en la evidencia, disponibles cuando las necesites.

Pasos diarios, paso a paso

El apoyo guiado por IA elige la siguiente herramienta y ordena tu rutina diaria. Cuando lo necesitas, puedes hablar con un profesional.

1:1 con un terapeuta titulado

Cuando la autoayuda no es suficiente, puedes reservar una sesión individual con un profesional verificado.

Preguntas frecuentes

¿HelpClinic sustituye la terapia o el tratamiento?

No. HelpClinic ofrece apoyo diario antes de la primera cita y entre sesiones. Te da herramientas para el ahora, y puedes reservar una sesión con un profesional verificado cuando lo necesites. No sustituye un tratamiento ni la ayuda en una situación de riesgo vital.

¿Qué es la “guía de IA”: es un terapeuta?

El apoyo guiado por IA elige la siguiente herramienta y ordena tu rutina diaria. No es un terapeuta ni un servicio de crisis y quizá no detecte una crisis. Ante un peligro inmediato, usa los números de abajo.

Tengo un diagnóstico pero espero la cita. ¿Qué puedo hacer ahora?

Puedes empezar hoy. Una breve evaluación muestra qué te preocupa más, y HelpClinic ofrece herramientas para el miedo y preguntas para llevar a tu cita. No tienes que pasar esta espera solo.

¿Es anónimo?

No lo es. Te registras tú con unos datos básicos y, para reservar con un profesional, hacen falta algunos más. Todo va cifrado y solo llega a un profesional si tú das tu consentimiento. Consulta los detalles en la política de privacidad.

¿Cuánto cuesta?

Empiezas gratis, sin tarjeta. Tu evaluación, las herramientas diarias y el apoyo para los momentos difíciles siguen siendo gratuitos para siempre. Una suscripción opcional desbloquea la biblioteca completa y las rutinas, y el apoyo humano: grupos y sesiones 1:1 que puedes reservar. Sin cargos ocultos.

cómo pedir al médico de cabecera que me derive a salud mental

Pide cita con tu médico de cabecera y explica qué te pasa, desde cuándo y cómo afecta a tu día a día. Puede valorar una derivación a la Unidad o Centro de Salud Mental de tu comunidad; no se puede reservar directamente una cita con el psicólogo público.

me acaban de dar un diagnóstico y tengo miedo, ¿puedes ayudarme a ordenar lo que siento?

Sí: puedes separar lo que sabes, lo que temes y lo que necesitas preguntar en la próxima cita. La guía de IA de HelpClinic puede ayudarte a ordenar esas notas y elegir un paso breve, pero no es terapeuta ni servicio de crisis y no sustituye las indicaciones médicas.

desde que me dieron el diagnóstico no puedo dejar de pensar en lo peor, ¿qué puedo hacer hoy?

Hoy puedes separar en una hoja lo que está confirmado de lo que temes que ocurra y volver a esa hoja cuando aparezca el peor escenario. Después, elige una tarea corta y concreta que sí dependa de ti. Si el miedo te desborda, coméntalo con el equipo que lleva tu caso o con tu médico de cabecera.

¿cómo le cuento a mi pareja lo que me han diagnosticado sin asustarla?

Cuéntaselo en un momento tranquilo y empieza por lo confirmado: qué te han diagnosticado, qué falta por saber y qué necesitas de tu pareja ahora. Puedes decir que no buscas soluciones, sino que te escuche o te acompañe a la próxima cita. No tienes que contarlo todo en una sola conversación.

hoy estoy muy agobiado por el diagnóstico, guíame con algo sencillo para calmarme

Sí: apoya los pies en el suelo y suelta el aire despacio, sin forzar la respiración, mientras nombras lo que notas a tu alrededor. La guía de IA de HelpClinic puede acompañarte con una herramienta breve, pero no es terapeuta ni servicio de crisis. Si hay peligro inmediato, usa los contactos de emergencia de esta página.

HelpClinic

¿Sientes que todo te supera?

Si estás en peligro inmediato o piensas en el suicidio, llama ahora al número correspondiente de abajo. HelpClinic no es un servicio de emergencias.

Peligro inmediato (España y UE)

112

Línea 024 (España)

024
Otros países

México

Emergencias: 911

Línea de la Vida: 800 911 2000 (24 h, los 365 días, gratuito)

Estados Unidos

Emergencias: 911

988, marca 2 para español: 988 (24 h, gratuito; tambien por mensaje y chat)

Argentina

Emergencias: 911

Centro de Asistencia al Suicida: 0800 345 1435 (de 8:00 a 0:00, no es 24 h; desde Buenos Aires, 135)

Colombia

Emergencias (NUSE): 123

Línea 192, opción 4: 192 (24 h, gratuito desde fijo o celular)

Son líneas de ayuda externas, no HelpClinic. El número de emergencias y la línea de apoyo son gratuitos, y el 112 funciona en toda la Unión Europea. Abajo están México, Estados Unidos, Argentina y Colombia; si estás en otro país, encontrarás las líneas de ayuda de ese país en findahelpline.com.

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